La emergencia que aprendimos a no ver

Cuando escuchamos hablar de asistencia humanitaria, solemos pensar en situaciones  extraordinarias: un desastre natural, una guerra o una emergencia que obliga a las personas a  abandonar sus hogares. Pensamos en algo que sucede de pronto y que exige una respuesta  inmediata. 

Pero, ¿qué pasa cuando la emergencia lleva años frente a nosotros? ¿Cuándo una enfermedad que nunca fue atendida se vuelve parte de la vida cotidiana? ¿Cuándo una persona no puede leer ni escribir y termina aceptándolo como una condición normal? ¿Cuándo una comunidad desconoce los derechos que le corresponden y se acostumbra a vivir con carencias y deja de imaginar que su realidad puede ser diferente?

Tal vez una de las formas más difíciles de vulnerabilidad es aquella que dejamos de reconocer como una emergencia porque nos hemos acostumbrado a ella.

En CAS Las Lomas hemos aprendido que atender estas realidades requiere mucho más que responder a una necesidad inmediata. Nuestra labor parte de una convicción: las personas y las comunidades no deben ser vistas únicamente desde sus carencias, sino también desde sus  capacidades y posibilidades. Por eso, buscamos que nuestra atención vaya más allá de la asistencia. 

Brindar una consulta médica puede resolver una necesidad concreta, pero educar en salud puede ayudar a una persona a reconocer factores de riesgo, prevenir enfermedades y tomar decisiones informadas sobre su bienestar. 

Alfabetizar no significa únicamente enseñar a leer y escribir. Significa abrir posibilidades: continuar la educación, acceder a información, realizar trámites y ejercer derechos que muchas veces  permanecen fuera del alcance de quienes no los conocen. En el caso de un niño, puede significar acompañarlo para integrarse al sistema educativo y ampliar sus oportunidades para el futuro. 

Y cuando invitamos a una comunidad o a un grupo de adultos mayores a participar, a ser escuchados, a replantear sus propósitos de vida y reconocer sus capacidades, buscamos algo todavía más profundo: que dejen de verse únicamente como receptores de apoyos y puedan reconocerse como actores de su propia transformación. Esta diferencia es fundamental. 

La asistencia puede aliviar una necesidad; el desarrollo de capacidades y el cambio de percepciones pueden ayudar a transformar las condiciones que la producen o la mantienen. 

Por eso, en CAS Las Lomas trabajamos desde la salud, la educación y el desarrollo comunitario. Una persona que conoce y cuida su salud tiene mayores posibilidades de bienestar. Una persona que puede leer y comprender información tiene mayores herramientas para tomar decisiones. Una comunidad que conoce sus derechos y participa en las decisiones que afectan su entorno tiene mayores posibilidades de organizarse y construir soluciones. 

Queremos contribuir a formar comunidades más resilientes: capaces de reconocer sus desafíos, pero también de identificar sus recursos, organizarse y participar en la transformación de su propia realidad. Sin embargo, esta tarea no puede realizarse en soledad. 

Una de las experiencias que más valoramos en CAS Las Lomas es comprobar que las alianzas multiplican las posibilidades de una organización y, sobre todo, las oportunidades de una comunidad. 

Formar parte de Distrito Tec nos ha permitido acercarnos a nuevas posibilidades de colaboración y desarrollo. La vinculación con instituciones educativas como el Tecnológico de Monterrey y la Prepa UDEM nos ha permitido encontrarnos con estudiantes, docentes y jóvenes que aportan conocimiento, talento, creatividad y nuevas perspectivas. 

Estas experiencias nos han enseñado que una alianza significativa no consiste solamente en recibir recursos, sino en poner diferentes capacidades al servicio de un propósito común. 

Una empresa puede aportar conocimiento y recursos. Una universidad puede aportar talento y nuevas ideas. Una fundación puede fortalecer proyectos. Una organización de la sociedad civil puede aportar conocimiento cercano de la comunidad. Y los propios habitantes tienen algo indispensable:  conocen su realidad y poseen capacidades que deben ser reconocidas y fortalecidas. 

Cuando estas capacidades se encuentran, dejamos de hablar solamente de quien ayuda y quien recibe ayuda. Hablamos de personas, instituciones y comunidades que construyen juntas. 

Quizá entonces entenderíamos que la asistencia humanitaria no ocurre únicamente cuando una emergencia se vuelve visible. La emergencia puede estar aquí desde hace mucho tiempo. Lo que sucede es que hemos aprendido a convivir con ella. 

Está en la persona que no puede acceder oportunamente a servicios de salud. En quien no tuvo la oportunidad de aprender a leer. En el niño cuyas circunstancias amenazan con limitar su permanencia en la escuela. En la persona mayor que vive aislada. En la comunidad que desconoce  los derechos que podría ejercer. 

El reto, entonces, no es solamente ayudar. Es volver a mirar. Mirar lo que hemos normalizado. Escuchar antes de decidir qué necesita una comunidad. Reconocer capacidades donde muchas veces solo vemos carencias. Generar oportunidades para que las personas conozcan sus derechos, participen y se conviertan en protagonistas de las decisiones que afectan sus vidas.

Porque transformar una comunidad no es responsabilidad de una sola organización. Requiere ciudadanos, empresas, universidades, fundaciones, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil dispuestos a poner sus capacidades en común. 

Desde CAS Las Lomas creemos que una sociedad más solidaria no es aquella que simplemente responde ante la emergencia, sino aquella que no permite que la vulnerabilidad se vuelva invisible. 

Quizá muy cerca de cada uno de nosotros existe una comunidad que necesita ser escuchada, una persona que necesita una oportunidad o una organización que necesita encontrar un aliado. La pregunta es si estamos dispuestos a mirar. Porque la emergencia no siempre está lejos. A veces está a unas calles de nosotros. Y la transformación también puede comenzar ahí.

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