Cuidado al andar en bicicleta

Llevo casi 12 años moviéndome en bicicleta en Monterrey y aunque mis primeros viajes fueron de recorridos cortos e individuales. Muy pronto encontré la bonita experiencia de rodar en grupo. Sin embargo, fue hasta hace poco que noté algo obvio pero que pasó desapercibido para mí por años: rodar en grupo implica trabajo de cuidados.

Cuando se hacen rodadas en grupo, hay diferentes funciones que garantizan la seguridad del colectivo. Por ejemplo, hay una persona que va hasta adelante -la punta- y se sabe a detalle la ruta que se va a seguir; también toma decisiones sobre cuándo detenerse en un semáforo o pedir apoyo para bloquear una calle y que no crucen los autos. Otros roles son el bloqueo, en donde las personas apoyan a cuidar que en las intersecciones no haya riesgo con automovilistas, y la retaguardia, que va al final del grupo observando a todo el contingente, apoyando en cambios de carril o a personas que tienen algún inconveniente durante la rodada.

Soy hermana mayor y creo que de ahí viene una facilidad para asumir responsabilidades sin cuestionarlo y, a veces, sin darme cuenta. Pero este año, mi participación desde otros roles en la organización de dos rodadas evidenciaron el valor que tiene y la valentía que implica cuidar a un grupo que toma las calles en bici.

La primera fue la Cicletada de las niñas en marzo, una rodada para niñas organizada por mujeres ciclistas. En esta ocasión, la característica en común para el equipo fue que tuvieran experiencia moviéndose en bicicleta. Sin embargo, la mitad del grupo no había participado antes en roles de seguridad en una rodada. Compartir conocimientos y experiencias entre nosotras fortaleció esas habilidades que ya tenía cada una para moverse con seguridad en las calles, y sobre todo, sembró unas ganas de seguir construyendo comunidad desde las mujeres que rodamos.

Durante la rodada por el centro de Monterrey, se sentía que estábamos logrando, aunque sea por unas horas, lo imposible: que un grupo de niñas tomara en patinetas, monopatínes, triciclos y bicicletas la calle que es espacio público. Si tuviera que poner en una imagen ese recorrido, diría que sentí como entre todas las ciclistas, muchas de nosotras sin ser madres, formamos una burbuja protectora que envolvía a las niñas para que rodaran sin miedo.

La segunda fue la Rodada de Aniversario de Pueblo Bicicletero en abril, en donde, desde la retaguardia, pude observar con mayor detalle la labor de mis compañeros y compañeras del equipo de seguridad mientras cuidaban el recorrido. Tal vez fue porque en esta ocasión rodamos en sábado y había más movimiento en las calles, o tal vez fue que yo tenía menos responsabilidades en esta ocasión. Pero ver la seguridad con la que una persona en bici se planta frente a un auto, la anticipación, el pedaleo intenso al observar un riesgo, me conmovieron. Por primera vez lo vi como si fuera una película que pasaba frente a mis ojos. Cada momento de interacción en la calle implica poner el cuerpo para cuidar, para proteger.

Quienes hemos andado en bicicleta por la ciudad sabemos el riesgo que representa. Estas experiencias contadas son al ir en grupo, pero al rodar solas asumimos esa responsabilidad para protegernos a nosotras mismas. Un autocuidado ante la ausencia de ciclovías, ante las altas velocidades de los autos, ante la fragilidad conocida del cuerpo humano. Sabemos el riesgo porque hemos perdido amigos en las calles, “por andar en bici”, “por no tener cuidado”. Sabemos el riesgo porque a muchos nos han atropellado, “por andar en bici”, “porque la calle es para los carros”. 

Con el Día mundial de la bicicleta cerca, es un buen momento para recordar que en la bici va una vida, y que los autos los manejan personas. Y con esto invitar a ceder el paso a un ciclista antes de rebasarle demasiado cerca; a reconocer el esfuerzo que implica trasladarse con la capacidad de cuadríceps y gemelos antes que demostrar los caballos de fuerza del motor; a reconocer que a todos y todas nos conviene que haya más ciclistas porque eso significa menos autos.

Sigo creyendo que La empatía es la vía y que es más fácil cuidar lo que conocemos que lo que nos es ajeno. Mi deseo es que todas las personas puedan experimentar alguna vez la libertad que da rodar, la felicidad compartida en un grupo pedaleando, el poder de tomar una avenida en bicicleta. Pero también sé que muchas no lo harán. A ellos y ellas solo les pido que en vez de ser la amenaza, en vez de ser aquello de lo que nos cuidamos al rodar, puedan sumarse a nuestro equipo de seguridad y convertirse también en cuidadores.


La Cicletada de las niñas es una iniciativa internacional que surgió en Chile y busca la visibilización y participación de niñas, mujeres, disidencias en el espacio público, mediante el uso de la bicicleta. En Monterrey se llevó a cabo la primera Cicletada de las niñas en marzo del 2025, por iniciativa de Libertad Castillo de la Unidad Multidisciplinaria de Artes y organizada en conjunto por Sandra Zepeda de Tejer la Rueda, Daniela Giovanna de Chiclemty y Sheila Ferniza de Pueblo Bicicletero. A ella se sumó un equipo de seguridad de más de 10 mujeres ciclistas: Cami, Caro, Caro, Frida, Lety, Lucila, Mariela, Myri, Natalia, Pamela, Salma, Vero, Victoria.

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