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50 años

Ayer se celebraron 50 años de Consejo Cívico.

Hace mucho que no veía juntas a tantas caras conocidas de buenos amigos, algunos con quienes coincido hoy en muchos espacios y otros con quienes he coincidido por varios años. Con cada una de esas personas sentí que tengo una historia en común, con algunas tengo ademas muchas horas invertidas en buenas conversaciones, mucho trabajo y muchas definiciones compartidas.

Me gustó mucho escuchar a Don José Luis Coindreau en su discurso refiriéndose con satisfacción y asombro a la trayectoria de Consejo Cívico como una “potencia bien usada”, enfatizando que “hoy se requiere presencia cívica en un México que estamos haciendo”.

México no está hecho, pensé. Nuevo León y el país no son productos terminados heredados de otras generaciones y liderazgos. Son construcciones y reconstrucciones permanentes, prácticamente de todos los días. Que agradable fue ver a muchas personas que están implicadas en esa construcción y recordar a las muchas que no estuvieron. Me gustó escuchar de Sandrine ese recorrido histórico que se ha ido completando con iniciativas y conceptos actuales que responden a los desafíos de nuestro tiempo.

No es un hecho menor que una institución como Consejo Cívico cumpla 50 años. Es un poco más sencillo ver una causa como un hospital, una escuela o un club rotario cumplir aniversarios cuantiosos. Pero una organización que tiene como causa la participación ciudadana organizada -tan intangible como puede parecer- es verdaderamente notable y digno de una gran fiesta como la que ayer vivimos.

Que bueno y qué necesario es el trabajo altruista y voluntario, el que no tiene remuneración, porque pone en el centro el compromiso incondicional por las causas que nos hacen plenamente humanos. Siempre he creído que el trabajo por un propósito común llena huecos que no se pueden llenar de otra manera en el alma de las personas. Da el sentido y el carácter, que son tan importantes en estos tiempos donde la vida se ha devaluado y donde hay tantas personas confundidas, deprimidas y sueltas de las manos de otros.

Celebramos junto con Consejo Cívico la capacidad de las personas de este Estado de organizarse por un bien común, de poner sus horas y esfuerzo juntos para definir cosas que nos hagan tener un lugar más justo, más democrático, más transparente, más limpio. Después del Gobierno, conformado por funcionarios que además son ciudadanos y que es ademas una instancia escogida mediante la participación cívica, no hay otro poder más grande y que una más voces y manos en torno al bien común que el asociacionismo civil, sea en cámaras o en organizaciones de la sociedad civil. Por eso cumplir 50 años de esa vocación es tan valioso.

Me gustó mucho la fuerza del discurso de Jorge Lozano, como es él: incansable, siempre dispuesto, siempre claro para describir donde estamos y agudo para dibujar con optimismo el lugar donde podríamos estar, si quisiéramos. Siempre invitando a más sin dejar de celebrar y reconocer lo construido.

En mi mesa reflexionábamos sobre la gran oportunidad que existe para que en Nuevo León cada engrane de la sociedad civil tenga claro su propósito como parte de un todo, que los puntos de contacto entre esos engranes estén bien claros y bien aceitados. Que el conjunto mueva cosas que ninguna pieza en lo individual puede mover. Y que ese movimiento articulado y constante sea invitante para atraer más innovación, más altruismo y más personas involucradas y conectadas.

Recientemente he aprendido que los sistemas complejos se resuelven con tres C. Capacidades, Compromiso y Cohesión. Si falta alguna de estas la solución está incompleta. Se necesitan capacidades, recursos, conocimiento, método, innovación, tiempo y dedicación de personas con habilidades al punto. Compromiso y coraje para sostenerse a pesar de las contingencias, cumplir con la tarea, rendir cuentas, sacar el encargo hasta la orilla, cumplir con nuestro ministerio. Y Cohesión. Porque no es posible llegar solos, porque los seres humanos necesitamos equipos con quienes discutir y ponernos de acuerdo, porque nos da vida estar con otros y el servicio nos da plenitud.

Disfruté mucho también el mensaje de cierre de Mauricio recordándonos la historia de David y Goliath. David, el pastor que levantó la mano para enfrentar al gigante, a quien le pusieron una armadura, un escudo y una espada que luego se quitó para quedarse solo con lo que dominaba, unas cuantas piedras y un pedazo de tela.

Aunque el Goliath a vencer en nuestros días -el desdén, la apatía y el desánimo- se parezca más a un monstruo de mil cabezas, la fórmula de la victoria sigue siendo la mismo: levantar la mano, usar nuestra inteligencia y aquello que dominamos, y representar con valentía la voz de muchos. La fórmula es la misma excepto porque en nuestro tiempo, hay que recordarle a David que en la pelea no está solo.

Muchas felicidades a quienes con su trabajo y visión hacen y han hecho que Consejo Cívico cumpla 50 años.


Escrito por: Armando Estrada Zubía, ex consejero de Consejo Cívico, ex presidente del consejo de yCo. Centro de Fortalecimiento

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