El perdón que se construye en las cárceles de México para la paz social

El propósito de la Fundación para la Reconciliación México, A.C., es contribuir a construir una sociedad capaz de prevenir la violencia y evitar que ésta continúe reproduciéndose. En el marco del Día Internacional de la Paz, esta convicción adquiere un significado particular: hablar de paz implica hablar de la reconstrucción del tejido social desde una perspectiva incluyente y no discriminatoria, capaz de reconocer el dolor de las víctimas, pero también de intervenir allí donde la violencia puede perpetuarse.

Por ello, construir paz exige mirar todas las dimensiones de un conflicto, es indispensable no olvidar a las víctimas, reconocer el daño que han sufrido y darles voz; pero también es necesario mirar a quienes han transgredido la ley y hoy se encuentran privadas de su libertad en los centros penitenciarios de nuestro país. Trabajar con personas privadas de su libertad desde el reconocimiento de su responsabilidad significa también dialogar con los ciclos de violencia desde su entorno inmediato y abrir posibilidades para su resignificación.

Una de esas voces nos recuerda la profundidad de este desafío:

“…Las instituciones deben construir desde el amor no desde la violencia. Tengo el derecho a ser restaurado, importa mucho el regreso de las personas a la sociedad y a sus familias. Las cosas deterioradas y útiles deben restaurarse, a tener una calidad de vida. El delito se sanciona con una pena, la conducta se corrige. La sentencia priva de la libertad, mas no de la dignidad…”

Esta reflexión de Jesús “N”, plasmada en Cartografías de la Libertad. Cartas desde Adentro, libro publicado por la Fundación para la Reconciliación México en 2025, permite comprender por qué la paz no puede pensarse únicamente desde la sanción, nos convoca también a preguntarnos qué ocurre después del daño y qué posibilidades existen para reconstruir las redes afectivas. Desde esa perspectiva, las personas privadas de su libertad pueden encontrar en el perdón y la reconciliación una posibilidad de transformación y un reconocimiento de las violencias que también, previamente, han sufrido.

Es precisamente ahí donde la reconciliación adquiere una dimensión social. La responsabilidad ciudadana de construir una cultura de paz para la convivencia y la resolución no violenta de los conflictos implica generar condiciones para que toda persona que desee reintegrarse a una comunidad orientada al bien común pueda hacerlo sin discriminación, incluso después de haber estado en prisión. La sanción penal tiene una función y una consecuencia; la reinserción plantea un reto desde la justicia restaurativa: hacer posible el regreso a la comunidad.

Esta convicción ha acompañado el trabajo de las Escuelas de Perdón y Reconciliación —ESPERE— en México, con un primer taller en 2005 en Topochico, Nuevo León, llevando herramientas de paz a entornos particularmente complejos, a partir de esa experiencia, las ESPERE comenzaron a extenderse por distintas ciudades del país.

La experiencia dentro del centro penitenciario fue dando un sentido más profundo a este trabajo puesto que nos permitió reconocer la necesidad de las personas privadas de la libertad de ser vistas y escuchadas, de continuar nutriendo su intelecto y su espíritu y de desarrollar sus dones y talentos, para ponerlos al servicio de otras personas, encontrándonos con liderazgos capaces de hacer aportaciones significativas a la convivencia comunitaria, es decir, detrás de la condición jurídica de una persona privada de la libertad sigue existiendo una persona con capacidades, vínculos, responsabilidades y posibilidades de transformación, que en términos de justicia restaurativa, es en este proceso donde el perdón deja de ser solamente una aspiración y comienza a relacionarse con la responsabilidad.

Las personas privadas de la libertad nombran su participación en la comisión del delito, reconocen el daño causado a las víctimas y expresan su intención de reparar tanto en lo económico como en lo emocional, reflexionan sobre los daños colaterales que sus actos produjeron, particularmente en sus propias familias y trabajan en la reconciliación consigo mismas a través del autoperdón, buscando recuperar sus vínculos afectivos y reconstruir un proyecto de vida. El perdón, la responsabilidad y la reparación dejan entonces de ser conceptos aislados y comienzan a formar parte de un mismo proceso.

Sin embargo, después de cumplir una sentencia aparece otro obstáculo: el estigma de haber estado en prisión. Con frecuencia negamos oportunidades laborales, escolares, deportivas, culturales y recreativas; construimos prejuicios y seguimos señalando a personas que ya enfrentaron ante el sistema de justicia las consecuencias jurídicas de su conducta. Entonces, la pregunta sobre la paz también debe dirigirse hacia nosotros como sociedad: si después de la prisión continuamos discriminando, tratando a quienes egresan como personas de segunda categoría y relegándolas nuevamente a contextos violentos y agresivos, contribuimos a mantener las condiciones que dificultan una verdadera reinserción. La reconciliación, por tanto, no depende solamente de quien regresa: requiere también de una comunidad capaz de generar condiciones para recibirle.

En este Día Internacional de la Paz vale preguntarnos: ¿cómo podemos construir una sociedad verdaderamente pacífica?

Podemos comenzar con empatía y compasión; aprendiendo a perdonar a quienes nos ofenden; transformando el dolor en nuevas narrativas de confianza y esperanza. La paz no significa olvidar lo ocurrido ni desconocer a las víctimas, significa impedir que el daño siga produciendo más daño.

Ese es el sentido profundo de la reconciliación en comunidad y el propósito por el que trabaja la Fundación para la Reconciliación México: hacer posible que el perdón, la responsabilidad, la reparación y la dignidad se conviertan en caminos para reconstruir el tejido social y cultivar una cultura de paz que alcance todos los rincones de nuestra querida patria mexicana.

Contáctanos:

Temas en general: c.comunicacion@consejocivico.org.mx

Afiliación y asociados: alianzas@consejocivico.org.mx

Donantes: donativos@consejocivico.org.mx

Forma parte de Consejo Cívico: reclutamiento@consejocivico.org.mx

Avenida del Estado #208, Tecnológico, Monterrey, CP 64700, Nuevo León, México.

(81) 8989-2600 (81) 8989-2700

O escríbenos