La participación social como herramienta para prevenir la exclusión y promover una vejez digna

Desde 2011, cada 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la manera en que tratamos a las personas mayores y sobre las condiciones que les ofrecemos para vivir con dignidad, seguridad, bienestar y pleno ejercicio de sus derechos.

Cuando escuchamos la palabra «maltrato», solemos pensar en agresiones físicas, abandono o abuso económico. Sin embargo, existen formas de violencia mucho más sutiles que pasan desapercibidas en la vida cotidiana: la indiferencia, la exclusión social, la invisibilización de las capacidades de las personas mayores y la falta de oportunidades para continuar participando activamente en su comunidad. Estas situaciones limitan su bienestar y afectan su sentido de pertenencia, propósito y reconocimiento social.

En un contexto de envejecimiento poblacional acelerado, resulta indispensable ampliar nuestra mirada. No basta con garantizar servicios de salud o atención asistencial. Necesitamos construir una cultura que valore el envejecimiento como una etapa plena de posibilidades y que reconozca a las personas mayores como actores fundamentales del desarrollo social.

Desde AMA y Trasciende, A.C., hemos dedicado más de 17 años a promover una cultura de envejecimiento activo y saludable. Durante este tiempo hemos comprobado que una de las formas más efectivas de prevenir la exclusión y fortalecer la calidad de vida de las personas mayores consiste en generar espacios reales de participación, aprendizaje, convivencia y contribución social.

Las organizaciones de la sociedad civil desempeñamos un papel fundamental en esta tarea. Nos convertimos en puentes entre generaciones, facilitadores de experiencias de encuentro e impulsores de proyectos que fortalecen el tejido social. Nuestro trabajo nos ha permitido confirmar que cuando las personas mayores tienen oportunidades para compartir sus talentos, desarrollar nuevas habilidades, participar en actividades significativas y establecer vínculos generacionales, se fortalecen no solo ellas, sino toda la sociedad.

Un ejemplo de ello es nuestro programa Ciclismo para Todos, que ofrece paseos gratuitos los fines de semana en Parque Fundidora. En esta actividad, estudiantes universitarios pedalean bicicletas adaptadas mientras conversan con personas mayores, personas con discapacidad y personas que nunca tuvieron la oportunidad de aprender a andar en bicicleta. Lo que podría parecer una actividad recreativa se convierte en una experiencia profundamente humana donde se comparten historias, aprendizajes y perspectivas de vida. Cada paseo demuestra que el movimiento no solo ocurre sobre ruedas; también ocurre en las relaciones que se construyen entre personas de distintas edades, condiciones y experiencias.

La importancia del encuentro intergeneracional también se refleja en las Bibliotecas Humanas. Un espacio, donde las personas mayores se convierten en «libros humanos» compartiendo fragmentos de su vida en grupos de 10 a 12 jóvenes lectores-oyentes. En promedio, participan 25 mayores “libros humanos” que interactúan con los jóvenes. Estas conversaciones generan algo difícil de medir pero profundamente valioso: la escucha activa y el reconocimiento mutuo. Los jóvenes descubren experiencias que enriquecen su visión del mundo, mientras que los mayores encuentran una audiencia genuinamente interesada en escuchar sus vivencias, conocimientos y aprendizajes.

Reconocer el aporte de las personas mayores es otra forma de combatir los prejuicios asociados a la edad. Por ello, cada año realizamos un evento de Reconocimiento al Adulto Mayor Activo a personas con trayectorias destacadas después de los 60 años en diversas categorías, entre ellas: empresarial, oficios, emprendimiento, educación, arte y cultura, deporte, voluntariado y participación ciudadana. Estas trayectorias nos recuerdan que la capacidad de crear, emprender, liderar y transformar comunidades no desaparece con los años; al contrario, muchas veces alcanza nuevas expresiones gracias a la experiencia acumulada.

La promoción del envejecimiento saludable también requiere acceso permanente al conocimiento. Con esta convicción, desarrollamos anualmente nuestro Seminario de Vida y Salud, donde especialistas comparten información actualizada sobre salud física, emocional, espiritual y financiera. Entendemos que el bienestar de las personas mayores debe abordarse de manera integral y que la educación continua constituye una herramienta fundamental para fortalecer la autonomía y la toma de decisiones informadas.

Otro proyecto que refleja el valor de los vínculos intergeneracionales es el Concurso de Escritura Intergeneracional «Entre Abuelos y Nietos: Amor en Palabras», que este año celebra su tercera edición. En cada convocatoria se seleccionan 30 textos ganadores que posteriormente integran una antología publicada con el mismo nombre. Más allá del concurso literario, esta iniciativa crea espacios de diálogo, memoria y afecto entre generaciones. Cada historia escrita se convierte en un puente que acerca experiencias, emociones y enseñanzas que enriquecen a toda la familia.

Asimismo, hemos impulsado, en una alianza con la Fundación Sin Miedo a la Vida, la participación de las personas mayores en la Feria Internacional del Libro Monterrey, contribuyendo a la creación de la sección FIL Personas Mayores. Este espacio permite que autores mayores presenten sus obras, compartan sus procesos creativos y dialoguen con nuevos públicos, contando con la colaboración de universitarios en la organización y logística de las actividades. Se trata de una muestra concreta de cómo las generaciones pueden trabajar juntas para construir proyectos culturales significativos.

A estas iniciativas sumamos charlas, paneles, cineclub, coro y teatro leído, favoreciendo así la convivencia, la expresión personal y el fortalecimiento de redes de apoyo comunitario.

En el fondo, todas estas acciones comparten una misma convicción: las personas mayores no necesitan únicamente ser atendidas; necesitan seguir siendo incluidas, escuchadas y valoradas. Una sociedad verdaderamente incluyente no se define por la manera en que protege a sus integrantes más vulnerables, sino también por la capacidad de reconocer el potencial y la contribución de cada persona en todas las etapas de la vida.

La acción ciudadana tiene un papel fundamental en este desafío. Escuchar una historia, promover espacios de participación, combatir los estereotipos asociados a la edad, fomentar el encuentro entre generaciones y reconocer públicamente las aportaciones de las personas mayores son acciones al alcance de todos.

En este Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, la invitación es clara: construir comunidades donde las personas mayores no sean vistas únicamente como receptoras de cuidados, sino como protagonistas de la vida social, cultural y comunitaria. Porque cuando una sociedad reconoce el valor de sus personas mayores, fortalece también su presente y construye un futuro más humano, solidario e incluyente para todas las generaciones.

En AMA y Trasciende, A.C., seguiremos trabajando para que el envejecimiento sea entendido no como una etapa de pérdida, sino como una etapa de posibilidades, contribución y trascendencia.

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